lunes, 30 de mayo de 2011

Que llueva…

Treinta de mayo, día de San Fernando, y lluvioso… Qué más da… Como decía mi madre, “a ver si se junta el cielo con la tierra…”  Hoy, qué más da…
A ver qué tormenta, vendaval  y oscuridad sería capaz de robar del alma arribeña la luz pura que la inunda.  Mírenla y déjense cautivar por los resplandores de esta bellísima Cruz de Plata que la Gente de Arriba le regaló a Villarrasa hace cincuenta y cuatro años.

martes, 24 de mayo de 2011

UVAS DE CHILE.

Dos son los regalos que me llegan hoy del hermano país, los dos igual de agradables a mi paladar:
- Uno la noticia de la exhumación de los restos de don Salvador Allende, en un más que encomiable deseo de esclarecer la verdad histórica. No puedo, por menos, como español, dejar de sentir una malsana envidia. Los felicito y espero que tengan el buen sentido de no llevar al juez en plaza ante la corte.
- El segundo, en forma de penitencial fruto, lo encuentro en el mercadillo de esta mañana, primorosamente presentado en caja de madera que reza, en impoluto castellano, “UVAS DE CHILE”. No lo dudo un instante. Me compro dos racimos. Aquí se quiere y valora todo lo que llega del otro lado del charco. Reflexiono un momento sobre aquella España que vivía de manera permanente en las cuatro estaciones y en los beneficios de ida y vuelta que nos trajo. Mi adorado gazpacho no existiría sin el otro lado, lo mismo que hoy no podría estar disfrutando de este dulce adelanto otoñal en mi paladar de primavera andaluza. Sorprende y causa admiración ver cómo han cruzado el Atlántico sin perder un ápice de su crujiente y septembrina mordida. Disfruto largamente de ellas…

lunes, 9 de mayo de 2011

Puta perra…

El único objeto de estas palabras es mostrar mi gratitud al comentarista anónimo de mi anterior entrada por darme a conocer el poema “Basta” de Blas de Otero. Imperdonable no haberme topado con él antes. Me ha dejado noqueado…

Imaginé mi horror por un momento
que Dios, el solo vivo, no existiera,
o que, existiendo, sólo consistiera
en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento.
Y que la  muerte, oh estremecimiento,
fuese el hueco sin luz de una escalera,
un colosal vacío que se hundiera
en un silencio desolado, liento.
Entonces ¿para qué vivir, oh hijos
de madre, a qué vidrieras, crucifijos
y todo lo demás? Basta la muerte.
Basta. Termina, oh Dios, de maltratarnos.
O si no, déjanos precipitarnos
sobre Ti —ronco río que revierte.

Es verdad… Juro que dudé mucho antes de citar  “La vida es bella…” de Goytisolo. Lo hice porque me venía bien con lo comentado. De más sé yo que esta vida es una puta bastarda que te da lametones y bocados en proporciones desiguales. Sé lo que es marchar por una acera viendo cómo tu yo entero desfila sin poderlo asir por la contraria…
No es nada especial. Todos lo sentimos en un momento o en otro. La sensación de pérdida va unida sin remedio al humano devenir. No hay que lamerse las heridas. Sólo sirve para refrescarlas. Conviene, eso sí, hacer de uno los dolores y aprender a mostrarlos… Y, una vez pasado el duelo, volver a ofrecerse sin pudor en el mercado de la vida. Los milagros aquí son algo cotidiano…
Si la existencia tiene sentido para el viejo al que sólo le queda el rayo de sol de la tarde y la palabra del vecino ¿no lo va a tener para quien está deseándolo? Basta con abrirse y mostrarse…

domingo, 8 de mayo de 2011

A pesar de los pesares…

Acabo de regresar a casa.
Al otro lado de los cristales de mi escritorio mientras, a lo lejos, el pueblo va poniendo sordina al día de fiestas, en mi calle aún resuenan fuerte los “Viva la Coloraita”. Es donde más fuerte lo hacen…
Pudiera parecer, a ojos de extraños, que acaban de instaurarse dos bandos irreconciliables únicamente ocupados en gritarse a la cara sus diferencias. No es así. Sólo es la fiesta, fiel a su modelo de siempre. Mañana mismo, o cuando pase la vorágine de mayo, mis paisanos seguirán encontrándose y conviviendo como llevan haciéndolo siglos. Tal vez, incluso, no haga falta esperar tiempo alguno. Seguro que, durante la recién acabada comitiva, habrán funcionado la gestualidad, la atracción y la simpatía. Seguro que, como siempre, se habrán cruzado miradas entre el centro y las aceras dispuestas a converger, con tal de que surgiera una leve sugerencia. Es bueno que así sea y así tiene que seguir siendo…
Se me viene a la cabeza una fotocopia del poema “Palabras para Julia” de José Agustín Goytisolo que mi compañera Rocío, del Departamento de Lengua, reservó para mí, el viernes pasado. Lo había estado trabajando con los chavales de cuarto y aprecia mi gusto por la poesía. Me repiquetea con insistencia una de sus estrofas…

“La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares,
tendrás amor, tendrás amigos.”

Amor siempre… Lo demás, pesar de pesares…



PALABRAS PARA JULIA
(José Agustín Goytisolo)

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.




viernes, 6 de mayo de 2011

PRENSA

Hace unos días un compañero de claustro y yo nos atrevimos a hacer previsiones acerca de cuáles iban a ser las reacciones de la prensa española en función del fallo del Tribunal Constitucional con respecto a cierta coalición política aspirante a concurrir en las elecciones municipales vascas. Acertamos de pleno. De hecho, podríamos nosotros mismos haber escrito los artículos aparecidos, muchos días antes.
Da asco. ¿Para llegar a esto hizo mi generación la Transición Española? La mayoría de nuestros medios se dedica a hacer, en vez de información, propaganda… Son meros voceros de intereses bien definidos. La voz de nuestra prensa se ha vuelto pobre, zafia y predecible. Y, lo más imperdonable por mi parte, falta de arte, entendimiento y razonamiento coherente. ¿Nos creen estúpidos, o el objetivo es volvernos? Y, luego, está el fútbol…
Cuánto echo de menos aquellos articulistas de los periódicos y publicaciones semanales de los ochenta que, a la vez que moldeaban nuestra opinión a favor del proyecto común, nos deleitaban con piezas de erudición y estilo exquisitos.
Tan harto estoy, que mi visita diaria a lo publicado se limita muchos días a abrir el servicio de “BBC news” y quedarme con informaciones escuetas. Me ahorro, al menos, el insulto a mi inteligencia.  


martes, 3 de mayo de 2011

3 de MAYO



Hoy, 3 de mayo, la Iglesia Romana celebra el Día de la Invención de la Santa Cruz.
Qué casualidad, también se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa.
¿Será que todo fue una invención...?

sábado, 30 de abril de 2011

PESSOA

Qué a propósito esta tarde para la reflexión, dejando a la lluvia acompasar la cadencia del pensamiento. Me rondan vivencias, rostros, modos observados en las últimas horas. Las ideas fluyen sin cesar tratando de acomodar mi mundo al tenor de lo vivido. Me gustaría compartirlas, encontrar almas afines. Me echa para atrás, no obstante, la convicción de su inutilidad. Al fin y al cabo, el humano ego busca más en la lectura aseverar sus presunciones que caminos de conversión.
A mediados de los ochenta cayó en mis manos el “Libro del desasosiego” de Fernando Pessoa. Me desalentaba en grado sumo. No podía entender la desilusión y el abdicar de la vida de Bernardo Soares, su protagonista. Qué poco coincidía su ideario con el que me propiciaba mi efervescente vida de aquel decenio. Hoy no puedo estar más de acuerdo con él. Ya aprendí que  “reconocer la realidad como una forma de ilusión, y la ilusión como una forma de realidad, es igualmente necesario e igualmente inútil…”, que a cada cual le vale su propia ilusión para ir tirando, con tal de que se la crea. Caí en la cuenta de lo insufrible que tengo que haber resultado para tantos con mis pontificados y, en consecuencia, lo mejor que puedo hacer es, como él, reconocer que “así como lo sepamos o no, todos tenemos una metafísica, así también, ya lo queramos o no, todos tenemos una moral. Tengo una moral muy simple – no hacer a nadie ni mal ni bien. No hacer mal a nadie, porque no sólo reconozco en los demás el mismo derecho que juzgo me cabe de que no me molesten, sino que entiendo que bastan los males naturales como mal que debe haber en el mundo. Vivimos todos en este mundo, a bordo de un barco que ha zarpado de un puerto que desconocemos hacia un puerto que ignoramos; debemos tener los unos para con los otros una amabilidad de viajeros. No hacer el bien, porque no sé qué es el bien, ni si lo hago cuando creo que lo hago. ¿Acaso sé yo los males que desencadeno cuando doy limosna? ¿Acaso sé yo los males que provoco si educo o instruyo? En la duda me abstengo”.
Mejor, pues, callar, poner sordina a la vida y verla pasar en paz desde el iluminado sosiego crepuscular de mi escritorio villarrasero, tan bello, al menos, como los colores del Chiado lisboeta aquella mañana en que me bebí en “A Brasileira” una taza de luz junto a don Fernando.

martes, 26 de abril de 2011

HIJOS

Es un hijo una especie de apéndice raro que, inopinadamente, te crece y que, cuando apenas te has recuperado de la extrañeza causada por su presencia en este mundo, te encuentras, incondicionalmente y con gusto, atado de por vida al carrusel de sus necesidades y demandas. Es el sujeto del amor más puro que sentirse pueda en esta vida, el que sólo procura el bien del amado. Por un hijo uno se cargaría con todos los pesares del mundo con tal de que él no cargara ninguno, aún más, llegaría a entregar la propia vida…
Por un hijo domeñas toda tu ufanía, entregas tiempo y apetencias y consientes irte haciendo tierra con tal de que él tenga un suelo sobre el que caminar.
Ahora bien, no es esperable incondicionalidad ni reciprocidad por su parte. Si acaso, desear que haya aprendido la lección para poder repetir los modos con sus propios vástagos. Es más, es en la confrontación donde él encuentra los motivos que le permiten afianzar su propia individualidad.
Es mi hijo el primero y más ferviente suscriptor de mi blog. Unas veces se muestra admirado, otras crítico, siempre interesado… Todas las veces me comprende, aunque muchas no comparte el fondo ni las formas de mi verbo.
No podría yo esperar otra cosa, tampoco la quiero. Por nada del mundo desearía que  tuviera que cargar con mis propios temores, pasiones y frustraciones. Bastante tendrá él con administrar los suyos propios…

domingo, 24 de abril de 2011

LA CRUZ Y EL TIEMPO.

Mi blog tiene por subtítulo “momentos e impresiones” y es, justamente, una impresión de las buenas la que me he llevado este año al ojear el boletín de fiestas de la Cruz del Campo. Me ha gustado, en primer lugar, el tan manejable formato PDF que se ofrece. Pero lo que me ha dejado maravillado ha sido el artículo “El estado de la Cruz” de mi sobrino Manuel Bernal. Aborda, con toda naturalidad, el estado de conservación de su titular.  La reconoce como objeto sujeto al natural deterioro producido por el paso del tiempo. Desliza en sus líneas expresiones tales como “pino de Flandes/ oxidación natural/ añadidos recientemente/opacidad natural/daños provocados/Las obras del bordado están destinadas, tarde o temprano, a ser restauradas”, a la vez que hace un recuento detallado de los delicados métodos de conservación que siguen con su Cruz, amorosamente tratando de alargar su permanencia en el tiempo.
Este es, sin lugar a dudas, el artículo… Los demás entran dentro de lo esperable en este tipo de publicaciones. Supone un giro de 360 grados en la filosofía con que se habían abordado estos asuntos antes, y es tanto más novedoso viniendo de la Hermandad de Abajo, de natural reservada al respecto.
Enhorabuena y, claro que sí, ése es el camino… Que sean naturales las cosas que tienen que serlo… Que los hombres hablemos con lenguaje de hombres de las cosas de los hombres… Adiós a los tiempos del tabú y del becerro de oro…
Todo villarrasero que esté al día de las cosas del mundillo de las cruces podrá entender y valorar que yo sea la persona que más ha celebrado en el mundo y que más feliz se ha sentido por este cambio.  Como arribeño que soy, me hubiera gustado que ese soplo de aire fresco hubiera barrido  desde El Ventorrillo. Ha venido desde la vega del río, me congratulo igualmente. Se necesitaba -yo necesitaba-  ese oxígeno. Así que sólo me queda abrazarte a ti, Manolo, por  ser rompedor y a tu hermandad por haber sabido comprender que los tiempos no tienen vuelta atrás por más que se añoren y haberte permitido su publicación. En esto habéis sido los primeros y estáis, por tanto, en vanguardia.
Pasad unas buenas fiestas…

martes, 12 de abril de 2011

AMAPOLAS


Quién no lo ha conocido no puede echarlo de menos. Le falta el referente. Pero yo sí. Por eso este domingo radiante me aupé a la moto y salí en su búsqueda, dejando el pueblo atrás con sonidos de gaitas. 
Encontré mi campo de amapolas unos tres kilómetros al norte de Lavapiés, en término de Niebla.  Su trabajo me costó, pero allí estaba, esperándome.  No pude imaginar templo mejor vestido  que  el allí conformado, bajo el zahiriente azul de un cielo vuelto luz. Así que la alabanza brotó en mí rauda y rendida, como correspondía a día santo.
Villarrasa antes era así: olivares de rojo en este tiempo, espinacas, cada lindazo y vallado un parque… Espinos blancos, vida por doquier, lindes llenas de biznagas, cardos y nidos…
Un chaval que se aventure hoy por nuestras veredas y caminos no podrá siquiera imaginar cómo de bello era nuestro campo. Veneno y máquinas han hecho bien su trabajo. Dónde podría encontrarse el término medio que permitiera salvar la diversidad de la vida. No sólo echo de menos multitud de plantas perdidas, este año apenas he observado jilgueros en el desierto monocromo de nuestra campiña.
Como sigamos así, nos vamos a quedar tan solos…

domingo, 3 de abril de 2011

EL NIÑO YUNTERO.

   Lo de iniciar mi viaje a Portugal recordando a Miguel Hernández es, más que un arrebato poético, el intento por saldar con él una deuda de gratitud…
   Que me gusta la poesía es evidente nada más ojear este blog, lo de la gratitud va a ser entendido con facilidad…
   Corrían los años finales de los setenta y fue por aquel entonces cuando, a la vez que decidía estudios a seguir, comencé a implicarme en los asuntos de la Cruz de Arriba.
Una buena tarde de sábado salí a pedir con el bueno de Tadeo –Dios haya en Gloria. A su lado resultaba fácil que aquello que se pretendía tarea recaudatoria terminara convertido en un ejercicio de relaciones públicas, amistad y buena vecindad… Pues bien, aprovechando esa camaradería, una señora, ya atada por sus años al sillón de la mesa camilla, me llamó con gesto de la mano a su lado e inquirió:
-          Ay, ay… Hijo… ¡Qué Lindo…! Esta juventud de Arriba… ¿Me han dicho que te vas a ir a estudiar, verdad…?
   Yo asentí.
-          Pero ¿será un oficio, verdad…? Porque una carrerita………….. Tu padre, desde chico, trabajando en mi casa… Primero con las mulas, luego segando… ¿Será un oficio, verdad…?
   Su soberbia y desprecio, a estas alturas, me habían imposibilitado articular palabra alguna más allá de un “gracias por la limosna”, a punto de lágrimas.
   Muchos años la maldije para terminar, al final, comprendiéndola y perdonándola. Al fin y al cabo no era más que un producto de su tiempo y su casta. Un tiempo, mucho tiempo, en el que a los hijos de los siervos se nos negó beneficio alguno diferente al pan y la sal. En realidad no era una mala mujer y, supongo, la tierra habrá sido generosa con ella, como con todo el mundo…
   Algún tiempo después, uno de esos “paperback” negros, que aún sigue publicando Cátedra, me devolvió toda la dignidad que le faltaba a las palabras de aquella señora. Allí me encontré con la voz de Miguel, con su niño yuntero; y, de repente, todo cuadró.
   En efecto, mi padre había empezado a trazar los surcos derechos de su pan, a tirar de sus mulas y a destripar los terrones de su tierra en alpargatas a la edad de nueve años. A él debo poder estar escribiendo hoy estas palabras que muestran, no más, el inmenso amor que le sigo teniendo…


EL NIÑO YUNTERO

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.